Cuando se habla de grandes destinos para rodar en bicicleta en España, casi siempre surgen los mismos nombres: Mallorca, Girona, Sierra Nevada, los Pirineos… Y sin embargo, hay una región que reúne todos los ingredientes para estar en ese mismo nivel y que, extrañamente, sigue pasando desapercibida para gran parte del pelotón cicloturista: Extremadura.

Esa es, precisamente, su mayor ventaja. Extremadura es el gran destino ciclista desconocido de España, y eso significa carreteras vacías, naturaleza intacta y una experiencia mucho más auténtica que en los destinos ya masificados.

Carreteras infinitas, casi sin tráfico

Uno de los mayores lujos que puede tener un ciclista es rodar sin coches detrás. En Extremadura, con una de las densidades de población más bajas de toda España, eso no es una excepción: es la norma.

Sus carreteras secundarias serpentean entre dehesas, embalses y sierras con un asfalto en muy buen estado y un tráfico prácticamente inexistente. Aquí se puede pedalear horas y horas sin cruzarse apenas con un vehículo, algo que en otras regiones de moda solo se consigue madrugando muchísimo o buscando los rincones más recónditos.

Puertos de leyenda, foco de la Vuelta a España

Extremadura no es solo llano y dehesa. En el norte de la provincia de Cáceres se esconde una de las zonas de montaña más exigentes y espectaculares del ciclismo nacional, y La Vuelta a España lo sabe bien.

  • Puerto de Piornal, un clásico que ha protagonizado numerosas etapas de la Vuelta a España y de la Vuelta a Extremadura, con múltiples vertientes y variantes que lo convierten en un puerto para repetir una y otra vez.
  • Puerto de Honduras, en el valle del Jerte, una de las subidas más bonitas del Sistema Central.
  • La Garganta, otro habitual de las grandes rondas por esta zona.
  • Pico Villuercas, que debutó como final de etapa en la Vuelta a España en 2021, con rampas que llegan hasta el 23% en sus últimos kilómetros.
  • Monasterio de Tentudía, otro de los finales en alto que la ronda española ha estrenado en los últimos años.

Subir estos puertos es rodar por el mismo asfalto que ha visto sufrir a los profesionales del pelotón mundial, pero sin el bullicio de las carreteras más transitadas de otras regiones montañosas.

Patrimonio y cultura para disfrutar en cada parada

En Extremadura, la bicicleta es también una excusa perfecta para el descubrimiento. Cada ruta atraviesa pueblos con un patrimonio histórico y cultural de primer nivel: ciudades declaradas Patrimonio de la Humanidad como Cáceres y Mérida, la villa de Trujillo, el monasterio de Guadalupe o el Valle del Jerte, con sus famosos cerezos en flor.

A esto se suma una gastronomía que reconforta después de cualquier etapa: el jamón de Monesterio, la torta del Casar, el pimentón de la Vera o los vinos de la Ribera del Guadiana son solo algunas de las razones por las que merece la pena bajarse de la bicicleta y sentarse a la mesa.

Esta combinación convierte a Extremadura en un destino perfecto tanto para el ciclista que busca entrenar en serio como para quienes viajan en familia o con amigos y quieren completar cada jornada de pedales con cultura, naturaleza y buena mesa.

Un destino que lo tiene todo, y que aún pocos conocen

Carreteras vacías, puertos de categoría Vuelta, patrimonio Unesco y una gastronomía de primer nivel: Extremadura reúne todo lo que un ciclista busca, sin las aglomeraciones de otros destinos más conocidos.

Quizás por eso mismo conviene descubrirla ahora. Ven a rodar por Extremadura y compruébalo por ti mismo.


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